Inicio Artículos Super 8, la vanguardia venezolana

Super 8, la vanguardia venezolana

0 1261
image_pdfimage_print

Pablo Gamba

El único movimiento significativo de vanguardia que ha tenido el cine venezolano fue el de los realizadores que filmaron en Super 8, en las décadas de los años setenta y ochenta.

Diego Rísquez fue la figura más destacada. Su primer largometraje rodado en ese formato, Bolívar, sinfonía tropikal, fue presentado en la Quincena de los Realizadores de Cannes en 1981, y la versión en 35 mm se exhibió allí al año siguiente. En 1984 volvió a esa sección del festival con Orinoko, nuevo mundo, filmada también en Super 8 y expandida al formato de exhibición comercial.

Otro cineasta venezolano que llegó a la Quincena con sus películas en Super 8 fue Carlos Castillo. Fueron los cortos TVO y Uno para todos, todos para todos, en 1981, y Sopa de pollo de mamá, en 1982. John Moore, también parte del movimiento, presentó Faces en la sección paralela de Cannes en 1982.

Más importante es que el cine en Super 8 de todo el mundo vino a Caracas, a presentarse en el Festival Internacional del Nuevo Cine Super 8, llamado Festival Internacional de Cine de Vanguardia en sus dos primeras ediciones, en 1976 y 1977. Formó parte de un circuito que incluía también festivales en Montreal, Ottawa, Barcelona, Bruselas y Teherán.

En Caracas se exhibieron obras en Super 8 del estadounidense Stan Brakhage, uno de los realizadores más importantes del cine experimental, por ejemplo. Entre los que vinieron al festival venezolano estuvieron, además, el francés Chris Marker, que fue parte del grupo de la Rive Gauche junto con Alain Resnais y Agnès Varda, y el estadounidense Lenny Lipton, autor de The Super 8 Book.

Hijo de la democracia y el petróleo

El Super 8 es un formato que lanzó al mercado Eastman Kodak en 1965 con el eslogan de “hacer cine es fácil”. Estaba destinado al cine amateur y doméstico, pero también fue adoptado por cineastas y artistas que encontraron en él una alternativa simple, rápida y económica para filmar.

La comercialización de la película fue seguida de un mejoramiento de las cámaras y los lentes; la venta de moviolas que permitieron a los aficionados montar sus filmes en casa, y el desarrollo de una película con la que se podía grabar sonido sincronizado, la cual estuvo disponible a partir de 1975.

En la Venezuela próspera por la riqueza petrolera, aún antes del boom que multiplicaría los precios entre 1973 y 1974, el Super 8 contribuyó a que floreciera el cine de aficionados. En 1967 fue fundada la Agrupación de Cine Amateur, que ese año presentó una muestra de películas en la Cinemateca Nacional. En 1968 comenzó a circular la revista quincenal Aquí Acá.

La democracia y el petróleo contribuyeron también a que en 1973 surgiera en Nuevo Cine Venezolano. A diferencia de lo que ocurría en los países latinoamericanos que estaban bajo dictaduras en aquella época, en Venezuela fue tolerada la exhibición de películas comerciales que tocaban temas controversiales desde una perspectiva predominantemente de izquierda, y el público las apoyó. El Estado incluso comenzó a dar créditos a partir de 1975 para que se hiciera ese tipo de cine.

El cine Super 8 buscó diferenciarse de esos filmes nacionales, realizados con un lenguaje sencillo, apto para televidentes. Su principal fuente de inspiración no estaba en las novelas políticamente comprometidas de Miguel Otero Silva, ni en la narrativa testimonial, como Soy un delincuente (1975), ni en el teatro de Román Chalbaud, sino en las artes plásticas. También estuvo vinculado al teatro, a grupos como los de Levy Rossell y Hugo Márquez.

El Super 8 continuaba así la línea de los grupos de vanguardia de la literatura y la plástica de los años sesenta, entre los que se destacó El Techo de la Ballena, y de los realizadores de la monumental instalación multimedia Imagen de Caracas, de 1968. Fue partícipe, además, del impulso que recibió el teatro en Venezuela con el Festival Internacional de Caracas, que comenzó a realizarse en 1973.

Hubo también vínculos personales de algunos superocheros venezolanos con cineastas y artistas de vanguardia del extranjero. Es el caso de Rolando Peña, que participó en una película de Andy Warhol e hizo cine con el puertorriqueño José Rodríguez Soltero en Nueva York, o de Diego Rísquez, quien colaboró en Europa con el cineasta underground estadounidense Jack Smith y trabajó para la galería L’Atico de Roma, una de las promotoras de la transvanguardia.

Carlos_Castillo,_Hecho_en_Venezuela_-imagen-,_1974Hecho en Venezuela (1977) de Carlos Castillo

Un cine crítico y sobre la identidad

Isabel Arredondo, Emperatriz Arreaza-Camero y Romina de Rugeriis destacan dos temáticas en el cine en Super 8 venezolano: la crítica de la sociedad de consumo y la indagación en la identidad nacional.

Un ejemplo de lo primero es Hecho en Venezuela (1977) de Carlos Castillo. En esa película el que el país es representado por una mujer con los ojos vendados, cegada por el consumo excesivo.

“Las imágenes de Hecho en Venezuela sugieren hastío material; éste está representado a través de un hacha que va des trozando todo tipo de objetos, desde una zanahoria hasta electrodomésticos, y quizá, aunque está solamente sugerido, un bebé. Los objetos, una vez des trozados se convierten en basura, y de esta basura consumista surge un país desorientado, que no sabe hacia dónde ir.” (p. 28)

La relación entre la sociedad de consumo y la política está presenta en Electofrenia (1979), un largometraje documental de Julio Neri filmado en Super 8 que llegó a los cines comerciales en 35 mm. Es un registro de diversos momentos de las campañas electorales de los candidatos que compitieron por la Presidencia de la República en las elecciones de 1978. Al final de la parte que le toca a cada aspirante se incluye el porcentaje que obtuvo del total de votos. Es el resultado del esfuerzo que hizo cada partido para conquistar el mercado electoral.

Arredondo, Camero y Rugeriis aclaran que los filmes del movimiento del Super 8 venezolano no se proponían convencer al público de la necesidad de hacer la revolución. No eran como el Tercer Cine de Fernando Solanas y Octavio Getino, realizadores argentinos de La hora de los hornos (1968).

Por lo que respecta a la identidad, las tres autoras señalan la presencia constante de la bandera nacional en las películas. Pero lo más trascendental en esa búsqueda es el cine de Diego Rísquez, quien en Bolívar, sinfonía tropikal se propuso volver a contar la historia del Libertador en Super 8, basándose en las obras del arte que establecieon la iconografía patria, y en Orinoko, nuevo mundo recurrió como fuentes a la iconografía y los relatos de la Conquista, las expediciones científicas a América y las mitologías indígenas.

bolivarBolívar, sinfonía tropikal (1981) de Diego Rísquez

Hacer lo que es posible

Los largometrajes en Super 8 de Diego Rísquez fueron bien recibidos por críticos como Alain Bergala, en la revista francesa Cahiers du Cinéma, y Serge Daney, en el diario Libération de ese país. El cineasta lo atribuye a la impresión que pudo haber causado un cine épico realizado con los recursos frugales que estaban a su alcance. Por eso hay que ver estas películas con referencia al paradigma de la transvanguardia, que reivindica el pragmatismo. “En lugar de pensar en lo que es casi imposible de hacer, se decide hacer lo que es posible hacer”, escribió Víctor Guédez en Vanguardia, transvanguardia y metavanguardia (p. 108).

En Venezuela se le criticó a Diego Rísquez, entre otras cosas, su falta de perspectiva crítica frente a la representación oficial de la historia, En Bolívar, sinfonía tropikal, y la inautenticidad del punto de vista del indígena desde el que está relatada Orinoko, nuevo mundo. No ha faltado incluso la pregunta irónica por el uso de la K, a lo que el cineasta ha respondido: “Porke me provoka”.

Pero la manera como se acercó al pasado también hay que verla con referencia a la transvanguardia. No se trata en estos casos de criticar lo viejo para buscar lo nuevo sino de recuperar el pasado, lo que consiste en hacer citas de las obras y apropiarse de diversos registros. Así lo explica Guédez (pp. 106-107), cuya obra asume una posición crítica frente a ese paradigma posmoderno. El problema, si se considera que lo hay, estaría en la concepción del arte en la que se enmarcan esas dos películas en Super 8.

El tercer largometraje de Diego Rísquez también llegó a la Quincena de los Realizadores de Cannes. Pero Amérika, terra incógnita (1988), fue filmado en 16 mm, aunque sigue la misma línea con respecto al pasado. En Venezuela dejó de revelarse película en Super 8 en 1989, lo que precipitó la desaparición del festival, que ya se había abierto al video. De los cineastas que formaron parte del movimiento sólo Rísquez ha continuado su trayectoria en el largometraje, con obras en las que hay diálogos y una forma de narrar más convencional. Con Manuela Sáenz (2000) volvió a tener una crítica favorable en los Cahiers du Cinéma, aunque no ha vuelto a competir en Cannes.

Referencias

Isabel Arredondo, Emperatriz Arreaza-Camero y Romina de Rugeriis (2009). “El cine venezolano en Súper 8 y el tercer cine”. En: Situarte, revista de la Facultad Experimental de Arte de la Universidad del Zulia, año 4, n° 6, enero-junio.

Nicolas Azalbert (2001). “Manuela Sáenz”. En: Cahiers du Cinéma, n° 560, septiembre.

Milton Crespo (1997). “El cine Super 8”. En: Tulio Hernández (coord.). Panorama histórico del cine en Venezuela. Caracas: Cinemateca Nacional, pp. 103-112.

Pablo Gamba (2014). “Diego Rísquez: inventar la patria y el cine con el Super 8”. En: Desistfilm n° 8, noviembre.

——————- (2015). “La fórmula del Nuevo Cine Venezolano”. En: ENCine, 12 de enero.

Víctor Guédez (1999). Vanguardia, transvanguardia y metavanguardia. Caracas: Fundarte.

Amarilis Ruiz (1979). “Electofrenia, la locura del sufragio“. En: SIC n° 420.

Juan Antonio Suárez (s. f.). “Ida y vuelta de José Rodríguez Soltero, cineasta experimental puertorriqueño”. En: La Fuga, http://www.lafuga.cl/ida-y-vuelta-de-jose-rodriguez-soltero-cineasta-experimental-puertorriqueno/558

Analisse Valera (2005). Diego rísquez. Caracas: Cinemateca Nacional, Cuadernos Cineastas Venezolanos n° 5. Textos disponibles también en Performanceología: “Biografía de Diego Rísquez“, “El cine de Diego Rísquez“.

PUBLICACIONES SIMILARES

NO HAY COMENTARIOS

Dejar una respuesta