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Leone, el maestro italiano del cine americano

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Armando Coll

Tuco corre entre las lápidas de un cementerio en el Lejano Oeste. Tuco, personaje interpretado por el actor Eli Wallach, finalmente se detiene exhausto, en medio de la espectral resolana, ante una tumba y empieza a cavar con las manos, desesperado, cuando súbito una pala cae a su lado. “Sería mucho más fácil con eso”, le espeta Blondie (Clint Eastwood) en contrapicado que termina en el perfecto plano americano, digno de un pistolero, de una película de vaqueros.

Una secuencia trepidante sostenida en la épica orquestación de Ennio Morricone. Otro italiano, está detrás de la cámara, Sergio Leone. Parece, pero no es el Lejano Oeste americano. Es España. Otras locaciones tal vez se rodaran en Italia, de ahí que se hablara de un nuevo género: Spaghetti Western, sin duda peyorativo.

Hace 50 años, Leone rodó el primer filme de lo que hoy se conoce como The Dollars Trilogy: A Fitsfull of Dollars (Per un pugno di dollari). En 1965, dirigió For A Few Dollars More (Per qualche dollaro in più). La secuencia de marras pertenece al gran finale de la obra que cierra el ciclo: The Bad, The Evil And The Ugly (Il buono, il brutto, il cattivo), todas protagonizadas por el joven Clint Eastwood; a ellas debe su lanzamiento y estrellato internacional.

Hasta ahora están Blondie, “el bueno” y Tuco “el feo”, pero no tarda en aparecer “el malo”, Angel Eyes (Lee Van Cleef). Los congrega en el lúgubre paraje la búsqueda de un botín, oculto presumiblemente en una de las fosas mortuorias.

Y es entonces cuando tiene lugar la puesta en escena de una de las secuencias más memorables del género Western (y no solo de su vertiente Spaghetti): un duelo de tres pistoleros. Cada uno con una forma muy particular de llevar el arma al cinto y tenerla a tiro. Cada uno con su manera muy idiosincrásica de enfrentar el instante previo a apretar el gatillo y matar o morir.

La arquitectura dramática que conduce con magistral precisión a este cuadro fue obra de varios guionistas, todos italianos, incluido Leone. Destaca Luciano Vicenzoni, autor de la historia original. Mickey Knox se ocupó de ponerlo todo en inglés para los tres protagonistas de pura cepa gringa. Porque todo parece muy gringo: tres pistoleros aprovechan los estertores de la Guerra de Secesión para sacar ganancia del caos; tres tipos sin nada que perder detrás de unas monedas de oro valoradas en 200.000 dólares, mucho más que sólo un puñado de billetes para esos parias.

Al duelo a tres asiste con ineludible protagonismo la música envolvente del maestro Morricone, casi operática, los crescendos, cantábiles, cortados por los silencios exactos en la edición de primeros planos de las pistolas y los rostros de los duelistas. Suena el disparo fatal.

Sergio Leone, hijo del director de cine Roberto Roberti, hizo pinitos en el neo realismo italiano nada menos que a la vera del mismísimo Victorio De Sica en Ladrón de bicicletas, luego en filmes épicos y de historias bíblicas. Con tal linaje se aclimató a Estados Unidos y sus géneros fílmicos.

Quedan sus westerns, maravillosos, en los que ningún disparo está de más, cada bala tiene su destino, entre pistoleros de gran virtuosismo. Finalmente acometió su gran “sueño americano”, rodar una saga de gangsters, pero ¡qué cosa! centrada, no propiamente en la mafia italiana, sino en el gueto judío de Nueva York: Érase una vez en América (1984).

Vaya al perfil de Sergio Leone en Senses of Cinema (en inglés)

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