Un premio para Venezuela en el Bafici

El proyecto del film venezolano El retorno del Sr Roque Thielen Hedderich a la isla Akare-Meru fue premiado en el Bafici.

La película que dirigirá Jorge Thielen Armand recibió el galardón Arte en el Laboratorio de Producción del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente.

Tendrá como protagonista a Jorge Thielen Hedderich, padre del realizador. Actúa también en La Soledad, filme venezolano que participa fuera de competencia en el festival, en la sección de óperas primas.

Relatará el regreso del personaje al Amazonas, debido a la crisis económica del país. Allí intentará superar el alcoholismo y reconstruir un campamento turístico que tuvo que abandonar hace 12 años. Luego buscará unirse a un viejo amigo, que está dedicado a la minería, lo que le llevará a sumergirse en un mundo oscuro.

Este es el primer año en el que se realiza el Laboratorio de Producción en el Bafici. Los otros proyectos premiados fueron Cordillera de Felipe Carmona Urrutia, de Chile; Los tiburones de Lucía Garibaldi, de Uruguay; El rostro de la Medusa de Melisa Liebenthal, de Argentina, e Hijo mayor de Cecilia Kang, del mismo país.

También fueron galardonadas en el Buenos Aires Lab cinco películas en fase de postproducción: Marilyn de Martín Rodríguez Redondo, de Argentina y Chile; El día que resistía de Alessia Chiessa, Temporada de caza de Natalia Garagiolla y Veteranos de Lola Arias, de Argentina, y No coracao do mundo de Gabriel y Maurilio Martins, de Brasil.

Visita la página del Bafici.

Lee la entrevista a Jorge Thielen Armand en ENCine

Lee la nota sobre La Soledad de Pablo Gamba

Lee la nota de Patricia Kaiser




Comienza el Bafici

Hoy comienza el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici), que terminará el 30 de abril.

Hay una película venezolana en la competencia de derechos humanos: El Amparo, dirigida por Rober Calzadilla, profesor de la Escuela Nacional de Cine. Es un film inspirado en la masacre del mismo nombre cometida en 1988 por policías y militares venezolanos, cerca de la frontera con Colombia. Fueron asesinadas 14 personas. Sobrevivieron dos, quienes lograron relatar lo sucedido.

Lee la entrevista a Rober Calzadilla en ENCine

Lee la nota de Pablo Gamba sobre El Amparo

En el Laboratorio de Producción compite un proyecto nacional en desarrollo: El retorno del señor Roque Thielen Hedderich a la isla Akare-Meru. Es una película que dirigirá Jorge Thielen Armand, quien estará también con La Soledad en la sección de óperas primas del Bafici.

La Soledad es un film ambientado en un litigio de los propietarios con los ocupantes de una casa, familiares de una mujer mayor que fue sirvienta allí. La película está interpretada por los personajes del conflicto real, quienes hacen el papel de sí mismos.

Lee la entrevista a Jorge Thielen Armand en ENCine

Lee la nota de Pablo Gamba sobre La Soledad

Lee la nota de Patricia Kaiser sobre el film

La tercera película venezolana en el festival es una coproducción minoritaria con Paraguay. Se trata de La voz perdida, cortometraje documental de Marcelo Martinessi sobre los sucesos de Curuguaty, que llevaron a la destitución del presidente Fernando Lugo.

En busca de lo nuevo

El Bafici es uno de los festivales de cine independientes más importantes del mundo, junto con los de Sundance y Rotterdam. En particular se parece por su perfil al certamen holandés.

Más de 60% de los filmes de la competencia internacional son este año óperas primas. Es un retorno del festival a sus orígenes como plataforma para el lanzamiento de nuevos cineastas, luego de abrir su selección incluso a terceras películas.

El Bafici se ha decantado también por la diversidad geográfica. Este año disputan los premios películas de países como Níger.

Esta es la lista de películas de la competencia internacional:

The Wedding Ring de Rahmatou Keïta (Niger)

Porto de Gabe Klinger (Portugal)

Wind de Tamara Drakulić (Serbia)

Viejo calavera de Kiro Russo (Bolivia)

95 and 6 to Go de Kimi Takesue (EE UU)

My Entire High School Sinking into the Sea de Dash Shaw (EE UU)

Dark Night de Tim Sutton (EE UU)

Liberami de Federica Di Giacomo (Italia)

Arábia de Affonso Uchôa y João Dumans (Brasil)

Hoy partido a las tres de Clarisa Navas (Argentina)

2557 de Roderick Warich (Alemania)

Out There de Takehiro Ito (Japón)

Una aventura simple de Ignacio Ceroi (Argentina)

El Candidato de Daniel Hendler (Uruguay-Argentina)

Reinos de Pelayo Lira (Chile)

Killing Ground de Damien Power (Australia)

Niñato de Adrián Orr (España)

Newton de Amit V. Masurkar (India)

Medea de Alexandra Latishev Salazar (Costa Rica)

Estiu 1993 de Romuald Karmakar (Alemania)

Este año se realizará por segunda vez la competencia latinoamericana, que por el perfil del Bafici se distingue de los festivales más importantes de cine de la región, como los de Guadalajara y La Habana.

Estas son las películas seleccionadas:

Andrés lee i escribe de Daniel Peralta (Chile)

Una mujer de Daniel Paeres y Camilo Medina (Colombia)

A cidade do futuro de Cláudio Marques y Marília Hughes (Brasil)

Casa Roshell de Camila de José Donoso (México-Chile)

Un secreto en la caja de Javier Izquierdo (Ecuador-España)

La película de Manuel de Lucas Damino y Sebastián Menegaz (Argentina)

Carroña de Sebastián Hiriart (México)

Samba’ de Laura Amelia Guzmán y Israel Cárdenas (República Dominicana)

Un suelo lejano de Gabriel Muro (Argentina-Paraguay)

La sección Vanguardia y Género es la más creativa del Bafici. En ella compiten las películas experimentales y el cine genérico innovador:

Lilith’s Awakening de Monica Demes (Brasil)

Prank! de Vincent Biron (Canadá)

La disco resplandece de Chema García Ibarra (Turquía)

Mimosas de Oliver Laxe (Marruecos- España-Francia-Qatar)

The Intestine de Lev Lewis (Canada)

Santoalla de Andrew Becker y Daniel Mehrer (EE UU – España)

Ojalá vivas tiempos interesantes de Santiago Van Dam (Argentina)

Correspondências de Rita Azevedo Gomes (Portugal)

Nuestra amiga la luna de Velasco Broca (España)

La loi de la jungle de Antonin Peretjatko (Francia)

People Power Bombshell: The Diary of Vietnam Rose de John Torres (Filipinas)

Rudzienko de Sharon Lockhart (EE UU – Polonia)

O ornitólogo de João Pedro Rodrigues (Portugal – Brasil)

I tempi felici veranno presto de Alessandro Comodin (Italia)

Have a Nice Day de Liu Jian (China)

Dhogs de Andrés Goteira (España)

Super Taboo de Su Hui-Yu (Taiwan)

Fuddy Duddy de Siegfried A. Fruhauf (Austria)

Keep that Dream Burning de Rainer Kohlberger (Austria)

Adiós entusiasmo de Vladimir Duran (Argentina)

Toublanc de Iván Fund (Argentina)

At Your Heels de Azucena Losana (Argentina)

The Absence of Eddy Table de Rune Spaans (Noruega)

Ceux qui font les révolutions à moitie n’ont fait que se creuser un tombeau de

Mathieu Denis & Simon Lavoie (Canadá)

Merry Christmas Mr. Mo de Lim Dae-hyung (Corea del Sur)

Demonios tus ojos de Pedro Aguilera (España – Colombia)

Entre los invitados especiales de este año está Nanni Moretti. El Bafici presentará una retrospectiva del cineasta italiano, acompañada de la publicación de un libro sobre su obra. También tendrá una conversación con el público.

Habrá, además, un programa en homenaje al punk, con motivo de los 40 años del disco Never Mind the Bollocks de los Sex Pistols.

Visita la página del Bafici.




Dos películas venezolanas en el Bafici

Dos películas venezolanas participarán en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici), que se realizará del 19 al 30 de abril.

El Amparo compite en la sección de derechos humanos. El director es Rober Calzadilla, profesor de la Escuela Nacional de Cine.

Es una película sobre la masacre de El Amparo, ocurrida en 1988. Allí fueron asesinados 14 pescadores por militares y policías integrantes del Comando Específico José Antonio Páez (Cejap), quienes llevaron a cabo la operación Águila III alegando que se trataba de un grupo de guerrilleros colombianos.

El Amparo fue la mejor película del Festival de Marsella este año y ganó el premio del público en el Festival de Biarritz en 2016. Fue el film de apertura del Festival de Cine Latinoamericano del Instituto Cinematográfico Estadounidense (AFI).

Ve la participación de Karin Valecillos, escritora de El Amparo, en un conversatorio de la ENC sobre el guion en el cine venezolano.

La Soledad, dirigida por Jorge Thielen Armand, figura en la sección no competitiva de óperas primas. Relata una historia inspirada en la vida del director: la decisión de una familia acomodada de vender una vieja quinta en Caracas, y el problema que eso representa para las personas humildes que viven allí.

El estreno de La Soledad fue el año pasado en el Festival de Venecia, del cual recibió fondos para su realización a través de Biennale College. Ganó el premio del público en el Festival de Miami.

Lee la nota de Pablo Gamba sobre La Soledad.

Lee la nota de Patricia Kaiser.

Lee la entrevista a Jorge Thielen Armand.

En el Laboratorio de Producción del Bafici participará un proyecto del director de La SoledadEl retorno del Sr Roque Thielen Hedderich a la isla Akare-Meru, una coproducción de Venezuela y Canadá.

Entre las películas de la competencia internacional del festival figura Viejo calavera de Kiro Russo, que fue premiada en el Festival de Cartagena.

Lee la nota sobre los filmes del director boliviano en ENCine.

En la sección Vanguardia y Género compite El ornitólogo (O ornitólogo) de Joao Pedro Rodrigues.

Lee un ensayo sobre la obra del director portugués.

Ve un videoensayo sobre el tema de la deriva en una de sus películas.

El Bafici es uno de los festivales más importantes del mundo entre los que se dedican al cine independiente. Ha servido de plataforma de lanzamiento para la carrera de realizadores que se desenvuelven en ese circuito. Más de la mitad de las películas de la competencia internacional este año son óperas primas.

Entre los invitados del festival se destaca Nanni Moretti. El Bafici presentará una retrospectiva del director italiano.

Visita la página del Bafici.




“La Soledad”: espacio físico, estado emocional

Patricia Kaiser

Unx puede estar solo. También puede sentirse solo. Unx puede habitar en soledad. Todo eso (y ya veremos que algo más), re-presenta el filme de Thielen Armand, así como la locación en la que fue rodado y que lleva el mismo nombre: La Soledad. Una vieja mansión, propiedad de la familia del director, donde ahora mora José, nieto de la antigua “empleada doméstica”, y junto con ella su mujer e hija, más un sinfín de familiares y amigos, que hacen que esta casa nos recuerde la guarida La Nigua y su familia (La oveja Negra, Román Chalbaud).

La casa está en ruinas. De su pasado glorioso sólo quedan home movies (con las que el director abre y cierra el relato), viejas fotografías de familiares casi en el olvido, y unas paredes que esconden tesoros, no sólo económicos, como unas supuestas morocotas, sino también históricos, los fantasmas que recuerdan la época esclavista, la Venezuela adinerada que poseía casas, domésticas que les servían a placer, esculturas que daban prestigio y cultura. Ya nada de eso existe.

La ruina ha caído sobre los antiguos burgueses. Sus descendientes ahora se ven imposibilitados de mantener en pie tamaña construcción, por lo que la opción del derrumbe y la venta del terreno parece ser la única salida. Pero también han caído en la ruina los “invasores”: la familia de la abuela y sus “hijos adoptivos” del barrio. Ya no habrá más casa para vivir, tampoco más tesoros para vender, ni siquiera la opción de montar un falansterio, en el mejor estilo franco-cubano del término. La solidaridad tiene límites.

En ese entorno vive José. Sin un trabajo estable, tan sólo con las migajas de Thielen Senior (el padre del cineasta), quien lo convida a trabajos ocasionales y le da “un pago justo e igualitario”. Ambos descendientes comparten el mismo destino: la incertidumbre de un país sin futuro. Con una diferencia fundamental: Thielen heredará (aun cuando se manifieste en contra) parte de las (seguramente exiguas) ganancias de la venta del terreno. José quedará en el desamparo.

La Soledad 1

En esta soledad, también habita Rosina, la abuela, último vínculo con el pasado feudal. Ella ahora está enferma, en un contexto donde eso se ha vuelto una pena capital. La señora de la casa le brinda asistencialismo con unas bolsas de pertrechos, no sin recordarle el destino inmutable de la morada. La compasión también tiene límites.

Ante la absoluta falta de perspectivas hay dos opciones posibles, las mismas que a diario vemos en las RR SS: la huida, el autoexilio; o el estacionarse en una espera sin esperanza. Varios personajes del filme, hacen sus propias apuestas. Y todos verán con añoranza, en fotos o en su tránsito diario por la calle, la soledad del afuera: Caracas.

Tan solitaria como la mansión y sus habitantes. Construcciones sin portón que ofrecer a los hombres que se presentan a sus puertas; hospitales y farmacias de adorno; bachaqueros ineficientes; largas colas para esperar la solidaridad o compasión de un gobierno tan asistencialista como los dueños de La Soledad.

Ante la soledad como estancia, José opta por la resistencia. Inútil, seguramente. Los tesoros no son más que restos oxidados de un pasado ahora inútil; todo lo que se puede vender, canjear, sobornar, se agota; la huida, sin futuro porque se carece de presente, es tan inútil como la espera.

Así, José decide por un acto de dignidad, sin esperanza, pero que es lo único que puede heredarle a su pequeña hija Adrializ. Un mundo para sumergirse en soledad, rodeados de castillos de arena. Una soledad que siempre llevaremos dentro, como eterna compañía, sin importar el lugar que habitemos. Incluso si ese lugar es Canadá, residencia actual del director.

La soledad, la Venezuela (en) soledad, está ahí.

Referencias

‘La Soledad’, de Jorge Thielen, impacta en Miami porque describe la dura crisis venezolana” en Contrapunto.com (acceso 26 de marzo 2017).

patriciakaiser@gmail.com




“La Soledad”: la ilusión entre las ruinas

Pablo Gamba

La Soledad (2016) es una de las aún pocas películas venezolanas que están logrando abrirse paso en el circuito de festivales internacionales. El primer largometraje de Jorge Thielen Armand tuvo fondos del Bienalle College del Festival de Venecia para su realización y se estrenó en ese certamen el año pasado. Luego compitió en Cartagena y ganó el premio del público en el Festival de Miami.

La combinación de lo biográfico y la ficción es una de las características del film. El título viene del nombre de la quinta de la familia del director, en Caracas. La Soledad comienza y termina con fragmentos de viejas home movies encontradas allí, en los que pueden reconocerse los personajes de la película. Los actores principales son el padre de Jorge Thielen Armand, Jorge Thielen Hedderich, y José Dolores López, nieto de una mujer que trabajó para la familia. Se interpretan a sí mismos como los personajes que están envueltos en el litigio real entre los herederos y los allegados a la trabajadora doméstica Rosina, que ocuparon la casa abandonada.

Del lado de los “otros”

El punto de vista es una toma de posición frente al conflicto. La Soledad está narrada desde la perspectiva de la familia de José, no de los Thielen. Significa ponerse del lado de la otra clase –y de la gente de otro color de piel– en una situación en la que se agudiza el problema de la división social. También desnuda los gestos paternalistas que los antiguos amos aún tienen para con los que fueron sus sirvientes, y la dificultad del intento de Jorge de mantener una relación de igualdad y solidaridad con José, a quien trata como socio en sus trabajos de construcción, además de amigo.

Los comienzos de una de los más devastadores derrumbes de la economía que han ocurrido en América Latina es el trasfondo de la historia. La Soledad es un testimonio de la escasez y otros sufrimientos que causan a la gente la incapacidad del gobierno y el fracaso del sistema socialista venezolano. Eso incluye la paradoja de que los propietarios continúan siendo los menos afectados. Pero lo que le interesa al director es cómo la crisis marca a los personajes. Deja huella en los cuerpos, en las miradas, en la furia contenida que se percibe en el trato a la pareja y al amigo, en la expresión circunspecta que tiene la fuerza moral del personaje humilde que persiste en rechazar la opción de la delincuencia. Otras heridas, sin embargo, son más profundas.

Un tiempo de la naturaleza

Es también un acierto de La Soledad la manera como el contraste entre el interior y el exterior de la casa permite contraponer dos tiempos. En la quinta se atenúa el estruendo urbano de la Caracas de hoy, y predominan los ruidos de los pájaros e insectos. La decadencia parece así también un reclamo de la naturaleza que una vez reinó sola allí. Es como si intentara recuperar el espacio arrebatado por una civilización que, al triunfar sobre ella, instauró la división de clases sociales. La vivienda progresivamente desmantelada no es solo una metáfora de Venezuela.

La Soledad 1

Pero no se trata del retorno a un paraíso originario. Los documentos del pasado que van siendo encontrados en las exploraciones de la casa –las películas familiares; un álbum de fotos– son documentos de la prosperidad de los amos. Lo mismo ocurre con lo que la abuela cuenta: habla de riquezas enterradas, pero también de esclavos asesinados con el fin de protegerlas. Aunque hayan llegado a considerarla su hogar, la casa es un espacio que no puede ser propio para los descendientes de los sirvientes; tampoco su tiempo ha sido ni será de ellos. Lo que quieren hacer los propietarios es derrumbarla y vender el terreno.

Sueños desesperados

El recurso neorrealista de trabajar con no actores tiene en este film el añadido de que los personajes que interpretan, y las relaciones entre ellos, poseen la carga emocional del deterioro real de amistades y vínculos de larga data entre familias. Pero Jorge Thielen Armand también tomó de ese movimiento la capacidad de amar a los personajes, que André Bazin atribuía a Vittorio de Sica en particular. Si en Ladrón de bicicletas (Ladri di bicyclette, 1948) ese sentimiento se percibe en la mirada a la relación del pequeño Bruno con su padre, en La Soledad ocurre lo mismo con José y Adrializ, su cariñosa hija.

La toma de partido del realizador a favor de los “otros”, en contra de los “suyos”, hubiera sido condescendiente, además, si lo real no estuviera como contrapeso el tipo de sueños que tiene José. Ellos son reveladores con respecto a la ilusión de aferrarse a la quinta de los amos. Por justicia populista y poética debería pertenecerles a él y a su extensa familia, pero esa verdad es confrontada con los testimonios del pasado y la evidencia de un presente sin salida. Tanto el tesoro que busca José, como la relación con el amigo de la otra clase social que intenta mantener Jorge, al igual que el proyecto de ambos de restaurar La Soledad, son sueños rotos porque nacen entre las ruinas, no de una casa sino de una sociedad.

Cesare Zavattini, guionista de Ladrón de bicicletas, proponía un cine que fuera capaz de contar lo real como si fueran historias. Sigue siendo una alternativa necesaria a las películas que hacen parecer reales las ilusiones, para que la gente tenga un falso consuelo que le permita evadir sus problemas. Lo que se relata en La Soledad trata de incluir ambas cosas: lo real y las historias fantasiosas que pueden surgir, como respuesta, cuando las dificultades son demasiado abrumadoras.

Referencias

André Bazin (1990). “El realismo italiano y la escuela cinematográfica de la liberación” (pp. 285-315). En: ¿Qué es el cine? Madrid: Rialp.

Caro, P. (1955). El neorrealismo cinematográfico italiano. México: Almeida.




“La Soledad” ganó el premio del público en Miami

La Soledad ganó el premio del público al mejor largometraje en el Festival de Cine de Miami, que terminó ayer.

Es una película venezolana dirigida por Jorge Thielen Armand. La presentación en el festival fue su estreno en Estados Unidos.

La Soledad relata una historia inspirada en la vida del director: la decisión de una familia acomodada de vender una vieja quinta en Caracas, y el problema que eso representa para las personas humildes que viven allí.

Se destaca por su sensibilidad visual y auditiva para captar la manera de expresarse de los personajes, en una situación de fuerte presión social como es la crisis que actualmente atraviesa Venezuela. Es una huella que se hace patente en sus cuerpos. Los intérpretes son no actores, quienes hacen papeles análogos a las personas que son en realidad.

La película ganadora de la competencia iberoamericana en el Festival de Miami fue María (y los demás) de Nely Reguera, de España. Vida de familia de Cristian Jiménez y Alicia Scherson, de Chile, ganó la Competencia Knight. El premio de guion fue para La mentirita blanca de Tomás Alzamora, también de Chile.

Lee la entrevista a Jorge Thielen Armand en ENCine.

Ve el palmarés completo del Festival de Miami.




Comienza el Festival de Miami

Hoy comienza el Festival de Cine de Miami, que se extenderá hasta el 12 de marzo.

Hay cuatro películas de Venezuela que disputan premios.

En la competencia iberoamericana está El Inca, dirigida por Ignacio Castillo Cottin. Es un film inspirado en la vida del campeón mundial de boxeo venezolano Edwin Valero, quien se quitó la vida luego de un confuso incidente en el que murió su esposa.

El Inca fue sacada de cartelera y prohibida en Venezuela por un tribunal, como respuesta a un recurso introducido por los familiares del deportista. Fueron incautados el máster y las copias, así como todo el material publicitario. El director y los productores lo consideran censura.

También compite en esa sección El Amparo, de Rober Calzadilla. Es un film de ficción sobre la masacre de la localidad del mismo nombre en Apure, Venezuela, perpetrada en 1988 por el Comando Específico José Antonio Páez (Cejap), integrado por policías y militares. Fueron asesinadas 14 personas.

Calzadilla es profesor de la Escuela Nacional de Cine.

En la competencia de guión participa La Soledad, dirigida por Jorge Thielen Armand, que se estrenó en el Festival de Venecia el año pasado y recibió fondos para su realización de los organizadores del certamen.

La Soledad relata una historia inspirada en la vida del director: la decisión de una familia acomodada de vender una vieja quinta en Caracas, y el problema que eso representa para las personas humildes que viven allí. Compite paralelamente en el Festival de Cartagena.

Lee la entrevista a Jorge Thielen Armand en ENCine.

Spark, coproducción mexicano-estadounidense-venezolana dirigida por Juan Martínez Vera, está en la competencia de cortometrajes. Es una película de ficción sobre las protestas estudiantiles contra el Gobierno de Venezuela y cómo ha sido utilizada la tecnología para organizarlas.

En la competencia iberoamericana, la más importante del Festival de Miami, hay en total 11 filmes:

Woodpeckers de José María Cabral (República Dominicana)

X500 de Juan Andrés Arango (Colombia-Canadá-México)

La madre de Alberto Morais (España-Francia-Rumania)

Las tinieblas de Daniel Castro Zimbrón (México-Francia)

The Death of Marga Maier de Camila Toker (Argentina-Brasil)

El Cristo ciego de Christopher Murray (Chile-Francia)

Monday Nights at Seven de Marty Sader (Estados Unidos)

Jesús de Fernando Guzzoni (Chile-Colombia-Francia)

El Amparo de Rober Calzadilla (Venezuela-Colombia)

El Inca de Ignacio Castillo Cottin (Venezuela)

María (y los demás) de Nely Reguera (España)

Visita la página web del Festival de Miami.




Comienza el Festival de Cartagena

Hoy comienza el Festival de Cine de Cartagena, que terminará el lunes.

Hay una película venezolana en la competencia de largometrajes de ficción, la principal del certamen. Es La Soledad, de Jorge Thielen Armand.

Relata una historia inspirada en la vida del director: la decisión de una familia acomodada de vender una vieja quinta en Caracas, y el problema que eso representa para otra familia, la de las personas humildes que viven allí.

Lee la entrevista a Jorge Thielen Armand en ENCine.


El documental paraguayo-venezolano La voz perdida, dirigido por Marcelo Martinessi, está en la competencia de cortometrajes.

En el Puerto Lab participa un proyecto de Venezuela: Jazmines en Lídice, dirigido por Rubén Sierra. Es la sección del festival dedicada a los filmes en postproducción que buscan impulso para su lanzamiento.

El más antiguo de América Latina

El Festival de Cartagena se realizó por primera vez en 1959. Es el más antiguo de América Latina. Las competencias están especializadas en cine iberoamericano.

La película de inauguración este año es El silencio de los fusiles, dirigida por Natalia Orozco. Es un documental colombiano sobre el proceso de paz con la guerrilla de las FARC.

En la competencia de largometrajes de ficción participan 10 filmes:

Adiós entusiasmo de Vladimir Durán (Argentina-Colombia)

Arabia de Affonso Uchoa y Joao Dumans (Brasil)

Ayiti mon amour de Guetty Felin (Haití-Estados Unidos-Francia)

El auge del humano de Eduardo Williams (Argentina-Brasil-Portugal)

El Cristo ciego de Christopher Murray (Chile-Francia)

La Soledad de Jorge Thielen Armand (Venezuela-Italia-Canadá)

Mimosas de Olivier Laxe (España-Marruecos-Francia)

Viejo calavera de Kiro Russo (Bolivia-Catar)

Elon nao acredita na morte de Ricardo Alves Jr (Brasil)

Los decentes de Lukas Valenta Rinner (Argentina-Austria-Corea del Sur)

Lee la nota sobre las películas del director de Viejo calavera, Kiro Russo, en ENCine.

En la sección de cine de medianoche será presentado el film portugués El ornitólogo. Una nota sobre el director, Joao Pedro Rodrigues, fue publicada en ENCine.

El festival hará homenaje este año al cineasta tailandés Apichatpong Weerasethakul y a los actores franceses Denis Lavant y Vincent Cassel, entre otras figuras del cine.

Visita la página web del Festival de Cartagena.




Entrevista a Jorge Thielen Armand

La Soledad es una de las películas venezolanas que recientemente han tenido un destacado recorrido por festivales internacionales.

El primer largometraje de Jorge Thielen Armand fue estrenado en el Festival de Venecia el año pasado, como parte de un grupo de filmes que recibieron fondos del programa Biennale College del certamen. Competirá a partir del 1° de marzo en el Festival de Cartagena y desde el 3 del mismo mes disputará el premio de guion en Miami.

La película se destaca por su sensibilidad visual y auditiva para captar la manera de expresarse de los personajes, en una situación de fuerte presión social como es la crisis que actualmente atraviesa Venezuela. Es una huella que se hace patente en sus cuerpos. Están interpretados por no actores, quienes hacen papeles análogos a las personas que son en realidad.

La Soledad relata una historia inspirada en la vida del director: la decisión de una familia acomodada de vender una vieja quinta en Caracas, y el problema que eso representa para otra familia, las personas humildes que viven allí.

Jorge Thielen había estrenado antes como director Flor de la mar (2015), una película sobre la isla de Cubagua, en el Caribe venezolano. Se espera que La Soledad esté en cines a finales de junio en Venezuela.

La Soledad 1

–¿Cómo llegó el proyecto de La Soledad a Biennale College?

Primero aplicamos por Internet. Fue una aplicación bastante compleja que incluía imágenes, varias páginas de tratamiento y dos videos. De ahí nos seleccionaron para la primera etapa: nos invitaban al primer taller junto a otros 11 proyectos. Teníamos que pagar nuestros pasajes a riesgo, sin saber si obtendríamos el financiamiento. Allá participamos con en talleres de guión con mentores de varios países. Hicimos una presentación frente al presidente del festival y el presidente de La Biennale, y luego entregamos el primer borrador del guion. Tuvimos la dicha de estar entre los cuatro proyectos seleccionados para el apoyo financiero y otros dos talleres.

–¿Cómo fue para usted el paso del documentalismo a la ficción?

Filmé Flor de la mar en el 2012 y trabaje en la edición por mucho tiempo antes de estrenarla, en 2015. Durante ese tiempo estuve viendo mucho cine y leyendo sobre la materia. También trabajé en otras áreas del cine y realice varios videos corporativos.

Originalmente mi idea era hacer de La Soledad un documental, pero luego surgió un deseo de hacer algo distinto y más rebelde, ante la abundancia de documentales “clásicos” que se están produciendo ahora. Quería capturar las fantasías de mi infancia en esa casa y el formato de la ficción me dio esa posibilidad.

Visité La Soledad en 2015 y le propuse a José, a quien conozco desde que soy muy pequeño y no había visto en más de 15 años, que hiciéramos una película. Me dijo que sí. Entonces realizamos un “demo” para probar una metodología de dirección actoral que fuese distinta. Usaba técnicas documentales porque me permitían acercarme a los personajes sin intimidarlos. Por ejemplo, un equipo mínimo, el “robo” de planos (o sea, filmar cuando los sujetos no saben que están siendo filmados), etc. La Soledad para mí fue paso hacia la ficción y no algo nuevo completamente. Ese demo fue fundamental para convencer a la Biennale de que yo era capaz de dirigir a no actores y para demostrar mi propuesta estética para el largometraje.

–La Soledad está inspirada en una historia suya y de su familia. ¿Por qué le atrae esa cercanía tan estrecha entre lo biográfico y la ficción? 

Para mí el cine es una manera de expresarme. Cuando mi bisabuela murió, mi familia dejo de reunirse en su casa. Cada vez nos aislábamos más. Unos se iban yendo del país (incluyéndome), otros crecían, y eso me afectó mucho. Quería entender más sobre el aislamiento que ocurre en las familias cuando muere el patrón, o la cabeza familiar; quería revivir esas memorias que tengo de aquellos tiempos en la casa. Fue un proceso arqueológico de alguna manera, porque ahí redescubrí a personas de mi pasado que todavía habitan esa casa (no los conocía verdaderamente de adulto) y los objetos de mis antepasados: cartas, fotos, álbumes, películas… Entonces, la ficción es solo un formato y un método para entender y hablar de lo biográfico.

La Soledad 1

–En el cine venezolano reciente se han destacado los actores. Pero usted vuelve en La Soledad a la fuente neorrealista del trabajo con no profesionales, que interpretan personajes análogos a lo que son en la vida real. ¿Por qué?

Yo prefiero trabajar con no profesionales porque siento que le aportan algo más al proyecto. Hay algo palpable y auténtico en sus caras, en su manera de moverse. Lo que vemos en la película es muy familiar porque se vive todos los días en Venezuela. Entonces, ilustrarlo con personas reales me parecía lo más honesto y contundente.

–Coménteme un poco sobre el trabajo con los intérpretes.

Fue una combinación de muchos experimentos porque existe muy poca literatura sobre el trabajo con actores no profesionales. Tuve la suerte de conocer a varios directores que me dieron algunos consejos, entre ellos Juan Andrés Arango, Tim Sutton y Óscar Ruiz Navia. El guión, que escribí junto con Rodrigo Michelangeli, no tenía todos los diálogos. Queríamos dejar espacio para la improvisación.

Yo nunca le di el guión a mi elenco. Les decía de qué iba la escena minutos antes de rodar y dejaba que dijeran las cosas a su manera. Muchas de las escenas contenían elementos idénticos a la realidad de los sujetos. Entonces, ahí se destapaban emociones inesperadas. Jugábamos con la improvisación y dejaba que los no actores aportaran sus ideas. A veces funcionaban y a veces no, pero lo importante era probarlas y hacerlos sentir que esta película también es suya. Por eso también parte del elenco trabajó directamente en el departamento de arte. Construían sus propios espacios y hacían la película suya.

–Las metáforas de significado evidente no suelen ser apreciadas por la crítica. ¿Por qué decidió recurrir a una de ellas, como es el caso de la quinta en desmantelamiento progresivo?

La metáfora de la casa con el país era muy evidente y no podía ignorarla. Ya eso estaba ahí, y solo tuve que capturarlo. La casa es un espejo de la Venezuela de hoy, donde las generaciones, cohabitantes por más de veinte años, se miran unas a otras desde una sola perspectiva social real. Esa mirada es la carencia, el miedo y la búsqueda fácil como una solución a los problemas que más nos afectan hoy: la falta de recursos básicos para sobrevivir.

–¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Ahora estoy desarrollando mi segundo largometraje. El personaje principal es mi padre, quien también actuó en La Soledad. Es Jorge. En La Faena también estamos produciendo un proyecto de realidad virtual y siempre en búsqueda de directores emergentes, determinados a contar historias personales y de gran impacto social.




“El Inca” fue seleccionada para competir en Miami

La película venezolana El Inca, dirigida por Ignacio Castillo Cottin, competirá por el Premio al Mejor Film Iberoamericano en el Festival de Miami.

También disputará el galardón El Amparo de Robert Calzadilla, otra película venezolana. Spark de Juan Martínez Vera, coproducción de México, Estados Unidos y Venezuela, estará en la competencia de cortometrajes.

La soledad, dirigida por Jorge Thielen Armand, es la cuarta película venezolana en competencia. Aspira al premio al mejor guion.

Sobre El Inca pesa una sentencia judicial que prohibe su exhibición y promoción en Venezuela hasta que no sean eliminadas ciertas escenas. Fue la decisión tomada en el caso de un amparo solicitado por familiares de Edwin “el Inca” Valero, alegando la protección de los hijos del difunto campeón mundial de boxeo, en cuya vida sentimental está inspirado el film.

Los productores consideran que se trata de un caso de censura. Argumentan que El Inca tiene clasificación C, para mayores de 18 años de edad, por lo que no puede afectar a los menores. Agregan que los nombres y sexos de los personajes que aparecen en el film no coinciden con los de los hijos del boxeador, y que el reclamo de derechos sobre su imagen carece de fundamento legal. Los gremios del cine venezolano los apoyan.

Las medidas tomadas contra El Inca incluyen la incautación de todo el material promocional y copias existentes en el país, así como del máster. Están bajo custodia del tribunal.

Ha sido la primera película venezolana en la historia retirada de cartelera, luego de su estreno, por orden de un juez.

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